Algo sobre mí

Es difícil hablar de uno, complicadisimo. Por lo mismo podría contarles cualquier cosa, como qué lindo está el día hoy después de días lloviendo, pero no es lo que interesa poner en este lugar.

Así pues no puedo decir mucho de mi sin hablar de lo que me gusta o lo que pretende gustarme. En primera instancia soy diseñadora gráfica, egresada mas no titulada, se supone que me gusta dibujar, digo supone, porque lo haga poco y todo se debe a una falta de motivación tremenda generada por la comodidad y la pereza.

Me gustaría ser y aprender muchas cosas y me frusta no tener el tiempo ni la disposición verdadera para cumplirlos; quisiera aprender a tocar el violín y no pregunten el por qué, sólo sé que es algo que me gustaría hacer en la vida. Me encantaría dibujar y dominar el lápiz como si fuera una extensión de mi mano, pero mi naturaleza perezosa no me lo permite todavía. Me encantaría trabajar en un lugar donde no existieran limites para la imaginación, donde se aprecie la creatividad y no terminar diseñando mecánicamente, es una utopía, pero eso no le quita menos al deseo. Adoraría absolutamente vivir en Francia, no sé por qué siempre me ha gustado, es difícil explicar el grado de obsesión que tengo con este país, nunca he pisado siquiera el lugar para que me guste tanto, pero tengo una idea tan romántica que simplemente lo adoro, lo mismo me ha llevado siempre a querer aprender francés, algún día lo lograré.

Me gustaría hacer tanto y aprender tantas cosas en la vida, pero a veces me basta con ir caminando por alguna calle, ver los colores del atardecer, sentir el aire frío en la cara para sentirme feliz.

Leer, cómo me gusta; puede que en mi lista de libros no se encuentre ninguno de corte intelectual, pero tampoco pretendo tenerlos, leo libros que me provocan sentimientos, muchos de ellos cursileros románticos de esos que se esconden bajo portadas indefinidas, de los que nunca se ven a simple vista en una estantería, de aquellos que muchas veces avergüenzan, pero que sin embargo son como imanes y cuando lees uno, no puedes dejar de leer el resto.

No lloro con las películas que se supone hacen llorar a la mayoría de mujeres; Gost, Titanic y el resto de etcéteras, me causan risa más que lágrimas; creo que la primera vez que lloré con una película fue cuando muere el médico en Rescatando al soldado Ryan, inadmisible, lloré en una película de guerra, cargada de sentimiento, pero no romántica.

Y para terminar esto ¿alguna vez se han detenido a mirar los rayos de luz que traspasan por las rendijas? Recuerdo que cuando pequeña me encantaba sentarme a mirar esos rayos de luz, pero más me gustaba mirar aquellas microscópicas motitas de polvo que parecen danzar entre la luz y la sombra, como se mueven en diferentes direcciones…