–¡Bartolomé, Bartolomé! –gritó desesperada–. ¡Ay niño!, ¿qué has hecho ahora?
–Nada ma’ –respondió el crío con cara de inocente y ojos de angelito. Pero la sangre en las manos y el cuerpo del gato sin cabeza decía lo contrario.
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Arreglando las categorías del blog, me di cuenta que había perdido esto.
Tags: micro relato
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