Estaba sentada frente al compu tratando de idear alguna cosa simpática en mi cabeza… Como suele suseder de vez en cuando, cuando esucho una voz, desde lejos, apenas un susurro y luego se hace cada vez más clara y me asusto, porque miro para todos lados y ¡No hay nadie! es aquí cuando empiezo a dudar de mi cordudar.
O de esa cordura que supuestamente hago creer al resto que poseo, pero que de verdad no existe, porque ya saben, los locos somos los mejores… y toda esa cuestión cuatica y cursi que cantan algunos chantautores por ahí y no quiere decir quienes.
Bueno, la cosa es que, seguí yo escribiendo cuando sentí que algo me colgaba de la oreja ¡Qué diablos! grité cuando en la palma de la mano veo una cosa amarilla y peluda con dos tremendos dientes y una cola plana.
Se imaginarán el susto, ah ¿no se lo imaginan?, pues entonces es que a todos ustedes les falta mágia o, en su defecto, leer más fantasía. Oiga ¡es que alegra el alma!
Ya, entonces ¿en qué parte es que iba yo…? ahh, si, en la cosa peluda esa que tenía en mi mano. Bueno la cuestión es que esta cosa era un castor, si, oigame bien, un castor y eso que de esos no tenemos aquí, eso creo. Que me miró con sus dos grandes ojos cristalinos y la boca medio abierta, como si yo fuera el gran mounstro del lago Ness. Me imagino que mi cara en ese momento no era la más linda del mundo, no pues, no todos los días uno puede presumir de un mini castor colgado de su oreja y amarillo, para más remate.
Y así, estuvimos un buen rato, que perfectamente pudieron ser segundos, antes de que pegara un grito inmenso y el castor se perdiera tras el parlante del compu.
Después de un rato veo una pequeña bandera blanca flamear por un costado miré y vi al pequeño castor amarillo hacer mimicas para que lo acercara a mi oido. Cuando estuvo ahí susurro:
-Zluna, Zluna, zsoy soy zCharcillo, el zcastors zamarillo. Zhe zvenido zpara zdecirte… ¡DEJA YA DE PERDER EL TIEMPO Y HAZ ALGO PRODUCTIVO!