Pero qué difícil son las despedidas.
Miró a través de la vitrina. Pues sí, el tipo que estaba detrás de ella tenia cuernitos. Si ese hubiera sido un día normal habría pensado que aquello no era más que bisutería, pero ese era la tercera vez aquella mañana.
Se preguntó si en la próxima esquina la asaltaría algún ser con colmillos.
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Ana en “La Isla Sin Nombre”. Esa historia que nunca verá la luz.
Es increíble como pequeñas cosas hacen que el día valga la pena.
Ayer de camino a casa pasé al Starbucks a comprar un café. Cuando llegué a casa me puse a revisar las boletas y me di cuenta que la niña del Starbucks me había dado 1.000 pesos demás en el vuelto. En un momento pensé, bueno, el café me costó la mitad, pero después me dije: misma son 1.000 pesos que ahora no significan nada, pero para la niña de la caja puede ser importante. ASí que hoy de camino pasé a dejárselos.
Y bueno, me regalaron un café por mi honrrades, y no un café chico, si no que un venti (medio litro de café) y era un vainilla latte… muy muy rico.
Me han hecho la tarde
Hermano: ¿y las entradas no son V.I.P? -yo con cara de WTF- ¡Son regaladas, que más quieres!
Y la pasamos genial, fue increíble.
Hoy he agarrado la primera bufanda que encontré, era una de mi mamá…
Me he sentido abrigada todo el día
Unas de las peores cosas que puede hacer la gente, es marcar la lectura doblando la punta de las hojas de los libros.
Siempre los encontraba, sea como fuera, cuando los necesitaba sabía que estaban por ahí.
Pero hoy se me han perdido, no los encuentro por ningún lado y algo me dice que se me cayeron por ahí y nisiquiera me di cuenta.
Pucha que hecho de menos mis lentes.
–¡Bartolomé, Bartolomé! –gritó desesperada–. ¡Ay niño!, ¿qué has hecho ahora?
–Nada ma’ –respondió el crío con cara de inocente y ojos de angelito. Pero la sangre en las manos y el cuerpo del gato sin cabeza decía lo contrario.
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Arreglando las categorías del blog, me di cuenta que había perdido esto.
La primera vez que supo que algo no andaba bien con él, fue cuando había matado al gato a punta de alfileres.
Hace tres semanas tengo trabajo.
ES TAN absolutamente genial trabajar por fin, demostrar que soy buena en lo que hago, que escuchen mi opinión siendo que no tengo experiencia.
No lo dije antes, bueno, es obvio. No podía alardear de mi felicidad cuando medio país está levantandose de un terremoto. Preferí esperar un poco, aunque admito, también esperé porque necesitaba sentirme segura, las dos primeras semanas sentí que en cualquier momento me sacaban. Tonta inseguridad.